DOS REALIDADES DE UNA MISMA CRISIS

09.06.2020

LA RAÍZ DEL PROBLEMA


Desde el inicio de la cuarentena en Colombia a causa de la pandemia del COVID-19; todos los colombianos y extranjeros radicados en el país se han visto afectados en menor o mayor medida, no únicamente por el riesgo de la enfermedad y la carga emocional que genera el cambio tan brusco que se vivió de un día para otro, sino principalmente por las repercusiones que tuvo el encierro en el sector económico. 

Según el DANE, el desempleo se disparó en los últimos dos meses a un 19,8%, mientras que hace un año el indicador se encontraba en un 10,3%. Sin embargo, muchos aseguran que esta cifra es mayor, pues no se tiene en cuenta a quienes trabajaban de manera independiente y a día de hoy no han podido retomar sus actividades.

Lo que si se sabe a ciencia cierta, es que la cuarentena ha tenido muchos matices y la desigualdad se ha visto presente más que nunca. Por eso, en esta ocasión, el grupo de periodistas de LA NOTA WEB se dieron a la tarea de preguntar en sus comunidades cuáles han sido las dificultades más grandes en estos últimos tiempos a raíz del Coronavirus; encontrando dos historias con un contraste que refleja la realidad detrás de la llamada cuarentena preventiva obligatoria.

UNA TIENDA EN TIEMPOS DE CORONAVIRUS

Edgar y Rosmira son esposos y dueños de una tienda en el barrio San Francisco de Bucaramanga, aseguran que desde los casi 20 años que han trabajado allí nunca antes habían vivido algo así. Por fortuna no tuvieron mayores complicaciones para continuar el negocio durante la cuarentena. Rápidamente se acostumbraron al igual que todos al uso del tapabocas y a un constante lavado de manos; sin embargo, cuentan, lo más complejo ha sido la restricción del horario.

  • Se trabaja con las puertas abajo y a domicilio más que todo. Antes también se trabajaba el domicilio, pero muy poco. Con esta situación las personas mayores y quienes tienen la oportunidad de cuidarse deciden quedarse en casa y somos nosotros los que tenemos que salir a exponernos -explica doña Rosmira, tras finalizar sus actividades y sentarse para ser parte de la conversación.

Sobre los domicilios, don Edgar afirma que es lo que más cansa, ya que se reciben los pedidos al celular y al fijo al tiempo que se atiende a los demás clientes de la tienda. Su esposa emite una queja mencionando que hay personas poco organizadas que no saben explicar qué quieren.

  • Te piden por ejemplo una leche -cuenta el hombre de expresión seria- pero no explican si la quieren deslactosada o entera, de una marca o de otra, y cuando uno llega a allá te dicen "ay es que yo quería de la otra" y corra otra vez a devolverse.

Pero además Edgar también es quien todos los días se levanta para ir a comprar a la plaza, lugar que con la pandemia se ha convertido en un foco de contagio; arriesgándose a contaminarse. Al ser comerciante, para él no aplica el pico y cédula.

  • Lo cierto es que la economía se cayó y hay que trabajar. Como dice la mayoría de la gente, o nos morimos de la enfermedad o nos morimos de hambre -asegura sin rastro de miedo.

Doña Rosmira asegura que gracias a Dios han podido trabajar, no al full como antes, pero al menos para sostener el negocio. Al preguntarle respecto a lo que ella considera ha sido lo más difícil de la cuarentena, afirma que lo que más tristeza le da es escuchar los problemas que las personas le cuentan al atender la tienda. Muchos se han quedado sin trabajo mientras que a otros no les han podido pagar, por lo que han tenido que reducir el presupuesto y por ende las ventas han disminuido.

  • Esas situaciones a uno también le afectan porque uno aprecia a los vecinos.

Al principio había más desánimo, asegura, pues no se sabía cómo iban a funcionar las cosas y la alcaldía solo confundía, sacando un decreto diferente todos los días; situación que les generó problemas para saber a qué horario podrían trabajar y qué medidas tendrían que tomar.

  • Ni los mismos policías sabían -afirma don Edgar- uno decía una cosa y el otro otra diferente.

Por ahora el horario no lo han vuelto a modificar, manteniendo la situación un poco más estable y produciendo más seguridad en las personas a pesar del aumento de casos por contagios. A este punto de la cuarentena, en donde cada vez hay menos restricciones, cuidarse es responsabilidad de cada quien.

CUARENTENA EN EL EXTRANJERO

Elianis Baldallo, una mujer venezolana de 40 años, viuda y madre de tres hijos radicada hace casi un año en el país, es una de las tantas afectadas. 

Tras contar las dificultades que tuvo para salir por primera vez de Venezuela, en busca de una vida mejor para ella y sus hijos y verse en la situación de tener que dormir durante 5 días en un parque cerca de la terminal de Bucaramanga, narra cómo fue para ella la llegada de la cuarentena preventiva obligatoria, que si bien comenzó como un simulacro de 3 días, se extendió durante más de dos meses; dejándola sin trabajo y por lo tanto sin dinero para pagar la habitación en la que duerme con sus dos varones y su pequeña de 13 años de edad y por supuesto, sin dinero para el alimento diario.

Cuando se le preguntó cuál había sido la experiencia más dura que ha tenido que vivir en Colombia, con voz apresurada respondió:

  • Sin duda alguna la cuarentena. Eso ha sido lo más duro, más duro aun que dormir en el parque. Fue como volver a Venezuela, preocupados por no saber qué habría de comer al día siguiente.

Cuenta cómo tuvieron que reunir el poco dinero que tenían y hacer un mercado que sólo alcanzó para 20 días.

Hace una pausa y suspira antes de continuar hablando- era una mortificación muy grande, solo le pedía a Dios que todo acabara pronto. La incertidumbre era terrible, que no tengas de dónde sacar... -se le quiebra la voz mientras habla y sus mejillas se llenan de lágrimas al contar por primera vez cómo se sintió durante aquellos momentos difíciles.

Pasaron 15 días en los que el arriendo se acumuló y la dueña de la casa por fin apareció. Les dijo que debido a la situación económica que estaban atravesando no les iba a cobrar arriendo, únicamente los servicios. Y eso hicieron. Pero un mes y medio más tarde volvió con un acuerdo muy diferente, comenzaría a cobrar el arriendo diariamente más 10 mil pesos extra de las últimas semanas.

  • Váyanse para Venezuela nos dijo, hay mucha gente que se está yendo. Pero yo no estaba dispuesta a irme, y se lo dije. La gente no sabe el esfuerzo que hemos hecho para estar aquí. Si salimos de Venezuela no fue por gusto, sino por necesidad. Irse para allá ¿a qué? ¿a morirse de hambre? -expresa la mujer que hace unos segundos se encontraba limpiándose las lágrimas.

Tras esa experiencia se fue buscar trabajo, pero no encontró un solo lugar que la pudiese emplear, y entonces se vio en la necesidad de pedir ayudas en los locales que veía abiertos. Fue así como comenzó a salir todos los días en busca de 25 mil pesos diarios para pagar la habitación en la que duerme con sus hijos.

  • Las personas nos han colaborado mucho, han sido muy generosas e incluso nos han dado ropa. Pero sobre todo mucha comida que hemos podido compartir con otros amigos venezolanos que se encuentran en la misma situación -comenta ya más alegre.

Al preguntarle si tenía pensado seguir saliendo por ayudas durante los meses siguientes, inmediatamente me respondió que no. Que ya se encontraba buscando trabajo al igual que sus hijos. Cree firmemente que las cosas van a mejorar en algún momento, que no toda la vida será así. O por lo menos ella luchará porque no lo sea.


CONSCIENCIA POR LOS OTROS

La historia de Elianis es la historia de muchos colombianos y venezolanos que antes de la cuarentena vivían del diario y ahora han tenido que enfrentarse a una dura realidad. Para los comerciantes y trabajadores independientes, tampoco ha sido fácil. En situaciones como esta, es donde más apoyo tenemos que darnos unos a otros y no dejarnos cegar por el egoísmo o el temor.

"Hay tantas realidades en esta crisis como cantidad de personas".

CUARENTENA EN LAS CALLES DE BUCARAMANGA

Este fotorepotaje pretende documentar la realidad de quienes durante estos tiempos adversos no cuentan con un lugar dónde refugiarse. El COVID-19 ha matado a muchas personas, pero también dejado en la calle a otras.

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